jueves, 8 de mayo de 2008

Buen vuelo

Ayer tuve uno de los mejores vuelos desde que empecé mi estrecha relación con Ryanair. Eso sí, antes del embarque me registraron hasta los dientes. Primero pité porque no me había quitado el collar, luego al pasarme el detector de metales móvil me sonaban hasta las chapitas de los vaqueros... mientras estaban en este proceso uno de seguridad pregunto: "¿De quién es esta maleta?" y grité, mientras tenía los brazos en cruz y las piernas separadas: "¡¡Mía!!", "¿Y este bolso?", mierda, era mío también... así que nada, me abrieron la maleta (no sé qué verían en los rayos láser que llevaba), y después de desorganizarlo todo vieron que no tenía nada. El proceso siguiente fue el mismo pero con mi maxi bolso, llevaba un pequeño joyerito y creo que les dio mal rollo tanto metal, porque me registraron los anillos y pendientes uno a uno. Unos 15 minutos después me dejaron ir, qué alivio.

El vuelo salió con su habitual retraso, 45 minutos. Menos mal que al final no quedé a comer con Marta y Erica porque no habría llegado, ni yo a comer ni ellas a la universidad. Al menos me fui con mis padres a la miguería ¡¡ñam!!

Y nada, hasta el domingo estoy en tierras mañas, espero veros.

martes, 6 de mayo de 2008

Decálogo para viajeros

Anoche llegué de París, que he pasado allí el puente con Artur y he de decir que ha sido increíble. Aunque para ser del todo honestos hemos tenido unos cuantos fallos de "viajero novato", así que para que no os ocurra lo mismo aquí os dejo unos cuantos consejos:

1. No viajes en puente, cuatro millones de personas han pensado lo mismo
Este consejo sobre todo es aplicable cuando el puente en sí es internacional, como éste que acaba de terminar. Si además la ciudad elegida es una gran capital, turística hasta en diciembre como es el caso de París, la combinación puede ser terrible. Esta confluencia de factores ha provocado que estuviéramos más de una hora y media haciendo cola en la Torre Eiffel y que para colmo cuando era nuestro turno nos dijeran que no había entradas para la última planta, que teníamos que ir a la segunda y allí volver a hacer una cola para la tercera. Por supuesto además del incordio, era más caro. En Disneyland pudimos montarnos en cuatro atracciones -literalmente- porque había colas de 70-80 minutos en cada una, así que al final del día, cuando los niños estaban cansados y la gente empezaba a marcharse, conseguimos montar en alguna.

2. Compra entradas anticipadas
A veces son más baratas y siempre te evitan hacer largas colas... muchas veces puedes comprarlas por Internet o en agencias de viajes de tu ciudad de origen.

3. Lee las críticas del hotel por Internet antes de elegirlo
Esto puede parecer un poco absurdo pero os aseguro que es necesario. Sino acabarás con un cuarto inundado porque se ha roto la cañería a las dos de la mañana y teniendo que cambiar todas tus cosas de habitación. Y encima dando las gracias porque la recepcionista de por la noche estaba muy ofendida de que la hubiéramos molestado porque ya estaba cerrado. Así que ya sabéis, en caso de inundación llama a los bomberos, o una conserje con el pelo grasiento y con la faja rebosando os echará la bronca.

4. Pide siempre a los japoneses que te hagan una foto
No te fíes de esos occidentales que llevan cámaras enormes, en realidad sólo lo hacen porque tienen complejos y necesitan sentirse más machotes con esos pedazo de objetivos. Te cuadran fatal la fotografía y encima tratan de hacerse los entendidos cambiándote la configuración de la cámara. Alguno hasta nos ha puesto el zoom y sólo nos ha sacado la cara. Los japoneses son siempre la apuesta segura.

5. Busca antes de la salida como ir y volver del aeropuerto a las horas que tienes tu vuelo
Artur y yo nos cabreamos un montón cuando nos dijeron que sólo había transporte público para el aeropuerto de Orly a partir de las seis de la mañana, y el vuelo salía a las siete, así que era técnicamente imposible llegar a tiempo. Luego resultó que sí que había e hicimos bilis tontamente por el pastón que iba a costar el taxi hasta allí. Esto nos lleva al consejo número 5.

6. No te fíes de la gente de información
Muchas veces tienen menos idea que tú. Preguntamos en la estación cómo llegar al aeropuerto a esas horas y nos dijeron que era imposible, que no había transporte a esas horas. Como luego vimos era falso, ya que los padres de Artur lo buscaron por Internet desde España. Después de dar mil vueltas por la estación de Lyon -porque cada persona que preguntábamos nos mandaba a un sitio distinto-, conseguimos encontrar la parada. Luego resultó mucho más efectivo el conserje de día del hotel, que no explicó donde estaba la parada al lado del mismo. En el Lovre nos pasó lo mismo, ya que la azafata no fue capaz de indicarnos dónde estaba una de las esculturas más famosas del museo.

7. Lleva maletas ligeras
Este consejo es sobre todo para la gente como yo, que lleva mil cosas que acaba no usando ¿Cómo no iba a coger unos zapatos de salir? ¿Y si nos apetecía tomar algo en un sitio más decente? ERROR. Estarás cansado de estar todo el día pateándote la ciudad, no te apetecerá ir a tomar nada, y si te apetece vete a un sitio menos fashion que te dejan entrar de cualquier forma. Además, en muchas paradas de Metro no hay escaleras mecánicas o ascensor, así que si no tienes a un mozo recio que te lleve la maleta, ésta acaba prácticamente rodando por las escaleras, y tú detrás de ella.

8. Sé fiel al National Geographic
Por algún motivo son líderes. Sus guías son las mejor organizadas, con fotografías en color que siempre ayudan si estás justo delante del edificio pero no lo encuentras. Además, separan por barrios las visitas, con un pequeño mapa de cada zona para que te ubiques mejor. Tienen una introducción bastante amplia de la historia del país y sus costumbres, como si tienes o no que dejar propina en un restaurante si quieres volver al día siguiente sin que te escupan en la sopa. Las de Lonely Planet también son buenas, pero se hacen muy pesadas porque el papel es mucho más áspero y no tienen ni una mala ilustración. El punto medio son las Top 10, que te explican por zonas las diez visitas imprescindibles, los diez restaurantes mejores (con detalles de precio y estilo, pero hay de todo), los diez mejores sitios de compras, etc. Éstas últimas son las mejores para un guiri de tipo medio, los que no se ven hasta la última iglesia de la ciudad pero que más o menos quieren tener una idea global.

9. Llévate un secador
Si eres propenso a los costipados llévate un secador o asegúrate de que alguien del viaje lo lleva. De lo contrario al segundo día estarás moqueando y la visita resultará mucho menos placentera. Este consejo es especialmente útil fuera de la estación estival. El año pasado cuando fuimos a Amsterdam todos se rieron porque me lo llevé, y lo cierto es que no hubo ni uno solo que no me lo pidiera, y eso que no hacía mucho frío.

10. Carga el iPod y la DS antes de salir
También puede parecer un consejo obvio, sin embargo caí en ese error de principiante y tuve que acabar buscando un kiosko que vendiera prensa española para no morirme de asco en el viaje de vuelta. Lo de la DS es sencillo, porque siempre que te lleves el cargador puedes solucionar el problema, lo del iPod ya es más complicado, porque sigo resistiéndome a pagarle a Apple lo que cuesta un cargador normal y por tanto, si no tengo el ordenador, no tengo iPod.

lunes, 28 de abril de 2008

Cabecera

En vista del empate técnico que hubo respecto a la cabecera del blog he acabado poniendo la idea de Erica de darle una patada al cartel de mi pueblo y la central nuclear de fondo, que es lo más turístico de Charleroi después de la estatua de Lucky Luck.

Depresión post-visita

Me he levantado a las siete menos cuarto de la mañana y desde entonces me he repetido unas tres millones de veces: "El miércoles me voy a París, el miércoles me voy a París". Estoy con el bajón habitual de que alguien que ha venido a verme se marche...

Más que nada porque me hace volver a la realidad de golpe. Mientras que Erica estaba aquí me reía si me robaban mi papel higiénico y planeábamos juntas la forma de vengarnos -que por cierto se está volviendo mucho más maligna que yo-. Sin embargo ahora, si mis vecinos se ponen a jugar al billar en mi terraza a las doce de la noche como ayer, no me queda otra que hacer bilis (como la que estoy haciendo ahora porque no me dejan echarme la sieta con la que tienen liada en la cocina).

En clase las cosas tampoco van mejor. Me hicieron leer un libro porque hoy venía el autor, y como no entendía ni una palabra ni media lo dejé. Hoy en directo no ha sido más fácil, vocalizaba mal y hablaba muy rápido. Era el hermano de una de mi clase, tenía 25 años y aires de artista omnipotente. Estaba medio tirado en la silla comiendo galletas de chocolate y con las manos apoyadas en la cabeza. La viva imagen de la buena educación. Cuando se ha marchado y el profesor ha preguntado qué nos ha parecido me he abstenido de opinar por la hermana, que si no me habría quedado bien ancha.

Sigo sin hablarme con prácticamente nadie de segundo y con pocos de primero. Es un círculo vicioso: no voy a clase, no veo a nadie, no practico el idioma y no avanzo, así que no entiendo mejor a la gente y cada vez me relaciono menos.

Con lo que me gusta a mí hablar, reírme y salir. Pero este país me ha vuelto apática... No tengo nada que hacer y tampoco me apetece hacer nada. Además ha vuelto a diluviar, creo que la reencarnación de Noé está preparando su segunda arca. Gosselies se ve más gris cuando llueve, más aún. Tengo miedo de que, mezclada con la contaminación de las centrales nucleares, la lluvia se vuelva ácida y ésta agujeree mi paraguas.

Pero el día 21 de mayo termino las clases y hasta el 5 de junio no tengo el primer examen, así que me iré a Barcelona con mis cuatro apuntes. Además, el miércoles me voy a París, el miércoles me voy a París, el miércoles me voy a París...


domingo, 27 de abril de 2008

En todas partes cuecen habas

Ayer Erica me presentó a una amiga suya que está viviendo en Bélgica. Su madre es belga y como no le gustaba la carrera en Madrid decidió venirse aquí, error. Aquí está aún peor. Aquí es muy fácil estar mal. Me consuela ver que no soy un bicho tan raro. Ella tampoco había conocido a nadie y no se sentía muy identificada con la gente de aquí. Al menos los dimos los teléfonos por si queremos hacer salir a ver algo cualquier día, balance positivo de la cena.

Ella se tenía que marchar pronto porque no vive en Bruselas y la tenían que recoger, pero Erica y yo decidimos ir a dar una vuelta por los bares a ver si había o no ambiente. Eran casi todo bares con música y mesas para estar tomando algo o dentro del bar o en la terraza (¡¡qué buen tiempo está haciendo!!), pero apalancarnos no entraba dentro de nuestros planes, más que nada porque luego había que venir hasta Charleroi conduciendo y no era plan de tomar unas copas. Así que continuamos la búsqueda. Los bares del ambiente eran los más concurridos, pero nos asomamos y sólo había tíos y nos acabó dando un poco de corte.

Cuando pensábamos que ya no encontraríamos nada vimos un bar que se llamaba "Salsa" del que salía un ritmillo a regetton a toda caña, y como no se veían mesas dijimos, pues a ver qué tal se está aquí. Aunque la música no fuera la ideal lo acabamos pasando bien, y además luego empezaron a poner house bailable, por lo que la cosa mejoró un poco. Fue brutal cuando acabaron poniendo el Bamboleiro y el Volare y la gente se volvió loca... Lo cierto es que creo que belgas había más bien poquitos, los de al lado nuestro eran españoles y por el aspecto de la gente había un gran número de cubanos y demás latinoamericanos.

Después de dos horas decidimos levantar el vuelo porque aún nos quedaba casi una hora de coche y estábamos cansandas. Hay que decir que la tarde fue movida... nos levantamos tarde para ir de tiendas y luego de fiesta y cuando salimos a buscar el coche resulta que tenía una rueda pinchada (no entiendo cómo se incrustó un tornillo en ella), así que tuve que pedir ayuda a un vecino de mi casa para que la cambiara -Erica y yo no somos muy buenas con la mecánica- y luego ir a buscar un taller mecánico a ver si había suerte y me arreglaba la rueda. Y sí hubo suerte, media hora y 100€ después ya estábamos listas para marcharnos, aunque entonces ya habían cerrado todas las tiendas, snif snif. Veamos el lado bueno de las cosas, no tuve que tragarme todas las tiendas de discos y comics de Erica y al final pude salir de fiesta por primera vez desde que llegué.

jueves, 24 de abril de 2008

Aquí no hay quien viva

Resulta que hace cosa de tres semanas se fundió la bombilla de la lámpara de la cocina que está encima de la mesa. Hoy una chica que se marcha mañana (aquella que tardé un tiempo en saber si era un chico o una chica) ha dado una mini fiesta de despedida, con la consiguiente timba de póquer habitual. Cuando he ido al servicio, que está pegado a la cocina, me he dado cuenta de que no había luz, me giro y resulta que ¡¡sorpresa!! en el comedor de repente sí que había. Pregunto inocentemente que de dónde han sacado una bombilla a las diez de la noche y obviamente era de mi lavabo. Han prometido volverla a cambiar cuando se marcharan, pero con razón tenía mis dudas.

Vuelvo al cabo de un par de horas y veo que sigue sin haber bombilla, pero como es una casa antigua ni subida a una silla llegaba para volverla a cambiar, así que he ido, bombilla en mano, a buscar a la culpable. Pero estaba dormida, sí, porque en Bélgica las once y media es hora de dormir después de haber perdido unos cuantos euros a las cartas.

Otra amable compañera me ha dicho dónde había una escalera. Así que ahí estábamos Erica y yo, cual Manolo y Benito en sus años mozos, bajando por las infernales escaleras por las que me caí rodando hace un mes -con escalones bien altos y barnizados, para que resbalen más aún-.

Después de oír chirriar la escalera al abrirla me he subido dispuesta a reparar el daño, pero la luz estaba dada, así que debemos dar gracias porque al menos no se nos ha quemado el pelo ni nada. Vuelta al piso de arriba y a colocar la escalera en su sitio.

Me alegra que pasen estas cosas cuando no estoy sola, porque si no nadie me creería y diriais: "Sara, qué exagerada eres", pero no. Esta vez tengo un testigo que podrá explicaros también que ayer mi baño estaba con un charquito de lodo, una pila de ropa sucia tirada por el suelo y mi papel higiénico usurpado. Así que voy a llamar a José Luís Moreno a ver si me compra el guión, porque hay que decir que "La que se avecina" ha perdido mucho y puede que así vuelvan a subir las audiencias.

miércoles, 23 de abril de 2008

Puedo prometer y prometo

Puedo prometer y prometo que el tiempo en Bélgica es un misterio divino. Ayer estuvimos de manga corta por Bruselas, sí sí, de manga corta, yo era muy feliz por poder lucir el palmito y por poder disfrutar de unos rayitos de sol. Así pasó, que Erica no quería creer que aquí hace un tiempo de pena... pero hoy ha tenido que tragarse sus palabras, porque en Lovaiana nos ha caído encima todo el agua que falta en Barcelona.

El recorrido turísitico se ha visto un poco perjudicado por la intensa lluvia, sin embargo después de salir de la catedral (donde una amable feligresa nos ha explicado la susodicha) había parado, así que nos hemos ido a visitar algunas cosillas -aunque sin matarnos-.

Porque para matada ya tuvimos ayer bastante. Vimos toda la zona medieval de Bruselas en una tarde. Esas calles por las que aún no he pasado en los meses que llevo aquí y que estoy segura de que no volveré a pasar... Más tarde nos fuimos a un concierto para el que Erica me había hecho comprar entradas, dudando de sus gustos musicales al final estuvo bastante bien. Cuando llegamos los pobres teloneros debieron deprimirse un poco, porque no llegaban ni a diez personas las que había en el reciento. Poco a poco se fue animando, aunque está claro que no se llenó el aforo. Otra prueba inequívoca de que los belgas son unos sosos. Al final acabamos hablando con un murciano que llevaba 15 años trabajando de investigador físico en la UE, un tipo peculiar sin duda que acabó llevándose el set list del concierto como un fan quinceañero.

Así que nada, mañana nos vamos a Gante y a Brujas, espero que no nieve, porque ya se sabe, aquí tan pronto hace sol, como llueve o graniza. Espero que las zapatillas agujereadas de Erica aguanten unos días más.