Espero que no pase lo mismo con las palomas, porque si no vamos listos. El viernes llegué a Barcelona muy ilusionada porque ya nos daban las llaves del piso e íbamos a pasar allí el fin de semana. Lo primero que me enseñan el casero y Artur son estos dos polluelos que han criado las palomas de la plaza de enfrente ¡¡qué bichos más horribles!! pero claro, la verdad es que da un poco de pena matarlos para limpiar la terraza, yo creo que en 15 días como mucho habrán echado el vuelo y Artur podrá comenzar la operación limpieza absoluta y necesaria del piso, porque cabe decir que los anteriores inquilinos eran un poquito marranos.
Para que veais que nosotros no nos repartimos las labores del hogar. Como yo estoy en Bélgica el pobre va a comerse todos los marrones de la mudanza, pero prometo compensarlo de algún modo cuando vuelva (planchando indefinidamente, por ejemplo). Prometo invitaros cuando ya esté todo bien puesto. Erica ha preguntado si ya le hemos puesto su cuarto, así que hemos llegado a la conclusión de que es nuestro Joey particular, ya que tendrá, como diría Chendler, su sitio donde verla envejecer.El sábado, como hacía malo y no podíamos ir a la playa, decidimos ir a Ikea, una pena que la mitad de Barcelona pensara lo mismo porque vaya agobio de gente... Así que ya tenemos hasta el cesto de la ropa sucia; necesitamos la lavadora para poder utilizarlo, eso sí. Hay que decir que nuestra futura casa va a parecer un catálogo de la tienda sueca, porque hemos comprado allí hasta los vasos de chupito. Bueno, y lo que nos queda por comprar aún. En realidad es todo marketing, te hacen recorrer la tienda de arriba a abajo antes de llegar a lo que tú quieres para que caigas en las manos del consumismo más puro y duro y acabes comprado una bolsa enorme de palillos chinos porque sólo cuestan sesenta céntimos. En realidad sólo somos unas víctimas del sistema.
Pero hoy se ha acabado lo que se daba y estoy de vuelta a este maravilloso país que es Bélgica y que tanto estoy aprendiendo a amar (jo jo jo, casi cuela ¡eh!). Menos mal que mañana viene Erica y que justo cuando se vaya me voy con Artur a París aprovechando que está cerquita de aquí - eso sí, el tren cuesta lo mismo que el avión.




