"Menos mal que te has traído el coche" fueron las primeras palabras de Artur cuando llegó a mi pueblo, rebautizándolo como Transilvania por lo lúgubre... Al verlo de día intentó retractarse, pero ya era demasiado tarde y debía ser mi testigo para contar al mundo que no estoy exagerando. De hecho no sé muy bien qué fotografiar para mostraros, pero en que tenga un rato (jo jo jo), yo me paseo y lo intento.

Como el viernes los señores de Iberia decieron ser más chulos que nadie, el avión llegó una hora tarde. Quién iba a imaginar que por una hora y media de parking en el aeropuerto me iban a cobrar la módica cantidad de ocho euros... de hecho cuando bajamos a buscar el coche Artur se quedó impresionado por las condiciones tétricas del susodicho parking (hoy he encontrado el nuevo y he de decir que da mucha, mucha menos pena que las columnas de hormigón pintadas de rojo y blanco). Así que nada, nos pusimos en camino a Gosselies porque ya eran las doce de la noche y no hay mucho que hacer a esas horas, y entrar en Bruselas me pareció una hazaña demasiado arriesgada incluso para mi.
El sábado fuimos a Namur, una ciudad a unos 30km de Gosselies. Lo cierto es que está a unos 20 de Fleurus y como mi vecino Folk siga cantanto a esas horas desaprensivas igual me busco la casa allí, que es un sitio mucho más mono, con tiendas en las calles reflejo de la globalización. Y es que una ciudad sin McDonalds no es una ciudad de verdad, aunque yo no los pise, es sólo por el hecho de saber que la civilización ha llegado al lugar.

Se me ocurrió la brillante idea de ir a ver la Ciudadella, que a parte de unas cuestas mortales y unas vistas muy bonitas no tenía mucho más. Cuando estábamos arriba nos percatamos de que se podía subir en coche y parece ser que resulté bastante ridícula al expresar mi opinión acerca de nuestra falta de motorización, pero ahí estábamos tirados en el cesped la mar de bien. Bajamos con brío para llegar a cambiar el ticket de la hora y nos encontramos con una tienda de mochilas y maletas en la que Artur se compró una Eastpark grandecita para poder traerme chorradillas cuando venga a verme, ya que en la suya las camisas van un poco apretadas.
Volvimos a Gosselies después de cenar en un PizzaHut, ya que no encontramos ninguna
brasserie a buen precio y nos pusimos a ver la segunda parte del Padrino. El cantante folk volvió a hablar a voces con sus amigos del chat dificultando nuestra compresión de la película, ya que todos sabéis que los altavoces de la tablet no son para echar cohetes. Al final me harté y fui a decirle que si podía bajar el tono. Debió de hacerlo, porque conseguí quedarme dormida cuando terminó la película y creedme, si no se hubiera callado me habría resultado imposible.
Hoy
mon amor se ha ido, aunque Iberia no se ha retrasado para poder aprovechar los últimos minutillos en el aeropuerto. Insisito, los que quieran venir a visitarme deberían ir cogiendo sitio porque estoy como loca viendo el modo de huir de este lugar. La semana que viene nos vemos, que acabo de comprar un billete a Zaragoza para el día 6, y así de paso voy y voto a Eva Hache.